¿Por qué no preguntarse?

La semana pasada publicamos una nota que expone que el modelo de crianza con apego, la teta a libre demanda, y otras ideas y prácticas  se multiplican y nos bombardean desde los medios de comunicación y la cultura masiva (Canales de TV, revistas y publicaciones masivas dirigidas a mujeres, y a madres (nunca a padres)  discursos de influencers, notas en periódicos masivos  etc.) convirtiéndose en un discurso hegemónico.

Es como mínimo llamativo que estos mensajes provengan  de los mismos dispositivos culturales que se usan para construir y reproducir los estereotipos de género  y modelos de roles sociales que nos retornan siempre al mismo espacio del trabajo gratuito convenciéndonos además de que lo hacemos por amor, como dicen las Economistas Feministas, el trabajo abnegado, en el ámbito de lo privado, reproduciendo desigualdad ya que nuestras condiciones materiales de subsistencia siempre son peores que las de los varones porque ese trabajo que se nos impone hacer de una manera romántica, no es ni siquiera considerado como un trabajo, por el mercado, por los beneficiarios (no solo hijos y parejas sino todo el amdamiaje del capitalismo que se beneficia con  la crianza a gratuidad de la futura fuerza de trabajo) y por las propias mujeres que lo realizan. O sea, cierra por todos lados. 

No cuestionamos las decisiones individuales de crianza, lo que cada una haya podido elegir mínimamente o haya podido hacer con lo que le tocó. No es ese nuestro punto y no lo será nunca.

Si cuestionamos,  analizamos y problematizamos críticamente las herramientas y dispositivos groseros y sutiles con los que la cultura hegemónica reproduce este modelo que impone EXCLUSIVAMENTE SOBRE LAS MUJERES que paren la obligación absoluta, única y total de criar y cuidar GRATUITAMENTE 24/7,(esa es la narrativa hegemónica más allá de lo que cada una haga en su vida).

REPRODUCIR GRATIS  la fuerza de trabajo a costa de su tiempo, vida, deseo; lejos está de ser anticapitalista y antipatriarcal; porque refuerza  la división sexual del trabajo, es esencial para la subsistencia de este modelo que las mujeres sigamos pariendo y cuidando gratis, por amor, por mandato o por obligación, y convencernos de que ese es nuestro deseo. Es uno de los  pilares esenciales del capitalismo y el patriarcado que no se van a caer por el no consumo de leche de fórmula. Pero que si se caería si estamos dispuestas a politizar nuestras prácticas y conversaciones en torno a la reproducción y el cuidado. ¿Qué pasa si exigimos que la crianza no sea gratuita? ¿Qué pasa si exigimos no criar en soledad? ¿Qué pasa si exigimos que el trabajo reproductivo no sea gratuito? ¿Qué invisibiliza un modelo que se funda en argumentos biologicistas? 

Cómo escribió Micaela Gonzalez Darrida en un comenario, “LA CRIANZA CON APEGO NO EXISTE SIN CONTEXTO SOCIAL.  En ningún lugar y momento se habla de “cuidadorxs”. Se habla de una maternidad centrada en la madre como sujeto cuidador. En esa narrativa no parece el padre, ni la compatibilización de la vida laboral y personal, ni la presencia y el cuidado masculino en la crianza. Idéntico a la narrativa del arte del siglo XVIII francés. El mismo discurso que busca volver a restituir a las mujeres al rol tradicional. No por nada, ni por casualidad uno de los “inventores” de la crianza con apego es Williams Sears. Que es un fanático religioso y ultra conservador norteamericano. Se reivindica  un modelo de crianza ultraconservador y religioso”

¿Queremos eso?

Nos resultó muy llamativa la defensa acalorada por llamar de una manera amistosa los mensajes violentos y ofensivos que recibimos, tratándonos de machistas y anti niños.

Lo cierto es que este modelo que hoy aparece como hegemónico, es un modelo que a muchas mujeres puede resultarles. Pero a muchas otras no, y al tornarse único, deseable e ideal, culpabiliza a quienes no pueden / quieren hacerlo. ¿Puede maternar de esta manera cualquiera? ¿en cualquier contexto social?  

¿No deberíamos por lo menos hacernos preguntas sobre esto?

¿A quien le sirve?  

¿Quién puede sostenerlo? ¿Qué otros modos de crianza se invisibilizan? ¿Qué costo tiene para la subjetividad de las mujeres?

¿Por qué se impone masivamente?

¿Quienes lo imponen?

En Stories y en forma anónima, recibimos cientos de cientos de testimonios de mujeres que sufrieron la violencia de este modelo hegemónico. También recibimos comentarios y mensajes de mujeres que nos decían sentirse “ofendidas”.

¿Que  ofende?  ¿La disidencia en el pensamiento? ¿Poner en cuestión la hegemonía? ¿Nos ofende sentirnos interpeladas en nuestras propias prácticas? ¿Percibir que el margen para desear es ínfimo? ¿Que lo que deseamos nos lo impone un sistema que tiene infinitas herramientas para manipular el deseo y que necesita del trabajo gratuito de las mujeres para su subsistencia? ¿que la visibilidad de un modelo invisibiliza otros posibles?

Así funciona el patriarcado, al tiempo que crece nuestra conciencia sobre las opresiones, también se van sofisticando las herramientas de dominación, disciplinamiento y violencia sobre nuestros cuerpos y subjetividades. El éxito de esas herramientas está en volvernos a nosotras mismas nuestras opresoras, convencernos de que elegimos, autodisciplinarnos y disciplinar a las compañeras

Por nuestra parte, trabajamos para mirar la cultura, analizar los mensajes hegemónicos y contexto y sistemicamente, y hacerle lugar a todas las  preguntas.  

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