Medios de Manipulación

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Una de las preguntas que dió origen a Mujeres que no fueron tapa fue ¿Cómo sería el mundo si creciéramos, viendo en los medios -en su sentido más amplio- las imágenes de mujeres que ocupan los espacios por lo que hacen y no por su apariencia física, es decir por encarnar el standard de belleza que nos oprime. Mujeres a las que no se les exija encarnar el standard de belleza para poder estar ahí. ¿Cómo sería el mundo para nosotras, como se construirían nuestras subjetividades si en lugar de crecer mirando los cuerpos de modelos y actrices jóvenes hablando de sus elecciones a la hora del sexo, del amor heterosexual, de la maternidad y sus cuerpos, creciéramos viendo a líderes sociales, artistas, activistas políticas, científicas, hablando de lo que hacen más allá de su apariencia?

Básicamente la pregunta era ¿Cómo sería crecer teniendo referencias semejantes a las que tienen los varones?  Está claro para nosotras que el mundo sería otro y nuestras elecciones seguramente también.

Los estereotipos están en la base de la desigualdad de género, eso ya no está en discusión, a tal punto que hasta forma parte de las leyes sobre la violencia contra las mujeres, la educación sexual y todas las conversaciones serias sobre el punto. El rol de los medios en la reproducción de los modelos que alimentan y sostienen la desigualdad, que normalizan las violencias sobre nuestros cuerpos con metodologías y mecanismos cada vez más sutiles, es clave.

Estos días, después de la importante denuncia de la actriz Thelma Fardín, que funcionó como válvula y catalizador del malestar, el hastío y la indignación, pocos días después de la sentencia del caso de Lucía Pérez en el que muchas volvimos a sentir en carne propia la injusticia y la impotencia de un sistema judicial que nos violenta en cada resolución. Volvemos a ser testigos de la forma en la que los medios masivos, el brazo de propaganda del patriarcado vuelve a deglutir el tema para devolvernos una síntesis estetizada, moldeada y bien delimitada del reclamo.

¿Cómo hablan y cómo muestran los medios lo que sucede estos días? ¿Qué historias se cuentan? ¿Qué imágenes se usan para acompañar esas historias? ¿A quiénes se les da espacio para contar?

Toda la conversación se reduce a los detalles acerca de víctima y victimario, sus vidas, que hicieron y hacen, títulos como ¿Quién es Thelma Fardín? o ¿Quién es la abogada de Thelma Fardín y que tanto la víctima como el resto de las actrices que la acompañaron en el evento del anuncio de la denuncia, circulen por todos los programas de TV dando detalles sobre el punto es lo que abunda en los programas y los medios digitales masivos. No hay otras voces, ni otras imágenes. En palabras de Laura Klein, la invasión de lo íntimo en lo público, que no es lo mismo que politizar lo personal.

A partir de ahí se definen los términos de la conversación y de la discusión, se habla de Thelma y de Darthés, de otros testimonios de otras actrices que cuentan haber sido violadas y abusadas, de cómo se organizó la conferencia de prensa, del video, de cómo se organizaron las actrices, de la violencia que sufren las actrices.  De los detalles de la denuncia, pero en general todo gira en torno a Darthés y Thelma.  Y ahí se cierra la conversación. Ahí se cerró.  No se habla de las organizaciones que vienen trabajando sobre las violencias desde hace muchos años, del entramado de las violencias, de que esta violencia es la punta del iceberg, que es la consecuencia de todo un sistema, que es una de las herramientas para sostener la desigualdad, que también tiene causas que tienen que ver con el dinero, con un modelo de sociedad, y fundamentalmente, lo que se oculta es que  la violencia contra las mujeres también se normaliza a través de los medios, de los contenidos audiovisuales, del standard de belleza en el que encajan los cuerpos que aparecen en los medios, de cómo esos cuerpos son utilizados para disciplinar los cuerpos del resto de las mujeres, que están detrás de las pantallas. No se habla de eso ni de quienes son hacia arriba, los que facilitan, y perpetúan estas formas de producir contenidos y venderlos. ¿Quiénes son los dueños de la TV?

No, nada de eso se va a hablar, de nada de eso se habló. Mejor convertir todo en un uno a uno estetizado, Darthés vs. Fardín, mejor que definan los medios quiénes, cómo y de qué se va a hablar cuando hablamos de violencia contra las mujeres.

No sea cosa que que vayamos más profundo, que nos hagamos preguntas, muchas preguntas, y entre esas preguntas aparezca una que sea ¿Cuál es el rol de los medios en la violencia contra las mujeres? ¿Tienen algo que ver los medios con la violencia que se ejerce sobre nuestros cuerpos?  O quizás podría pasar que además de señalar a Darthés, miremos un poquito más allá y preguntemos otras cosas como por ejemplo ¿Cómo se contrata a los actores y actrices? ¿Quiénes los contratan? ¿Cuáles son las condiciones de esos contratos? ¿Quién decide que haya contenidos que promueven y naturalizan el bullying, la violencia mediática, los estereotipos de género, el amor romántico y violento?

No sea cosa que salgamos del estereotipo de la víctima también fortalecido y reproducido por los medios,  que no solo pidamos justicia a una justicia que no está dispuesta a darnos nada sino que hablemos del lugar que tiene esta violencia para reproducir un modelo que es económico, político y social, que nos necesita pariendo, amamantando, cambiando pañales cocinando y cuidando, no solo gratis, sino incluso peor, sin reconocimiento del valor y el poder de ese trabajo, sin siquiera considerarlo como un trabajo valioso e indispensable para la existencia de la sociedad. ¿Cuánto de responsabilidad tienen los medios en que eso siga siendo así?  Todo esto está en el origen de la violencia. Pero de eso no quieren que hablemos. Mejor que se hable de Darthés, y de las actrices.

Mejor no indagar, ir por arribita nomás, superficial.

Los medios lo hicieron de nuevo. ¿Cómo?

Cómo lo hacen siempre.

Invisibilizando.

Con los mismos mecanismos de siempre y los mismos recursos.

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Los mismos cuerpos, las mismas subjetividades, para invisibilizar y disciplinar, volvemos a ver a las mismas mujeres jóvenes, blancas, delgadas, que encarnan el standard de belleza que nos oprime a todas las que no lo encarnamos, que no es solo un standar de belleza, se ha sofisticado lo suficiente para convertirse en un modelo de felicidad. Esas mismas mujeres, son las que ahora se nos muestran contando la violencia, cómo si solo existiera esa violencia, como si solo fuera ejercida de esa manera que se cuenta.  

¿Qué vuelve a quedar afuera?

Todo. O casi todo. O lo mismo de siempre.

Seguimos sin ver ni escuchar a las otras.

¿Qué pasa con las otras? Con las que no encarnamos el standard, las que no son blancas ni actrices, ni modelos, ni influencers. ¿Qué pasa con las negras, las pobres, las gordas, las indígenas, las mujeres trans, las obreras, las que no tienen trabajo, las discapacitadas, las viejas, las villeras? ¿Cuáles y cómo son los mecanismos de las violencias a las que somos sometidas, las humillaciones que nos atraviesan el cuerpo? ¿Cómo las atravesamos? ¿Cómo respondemos a esas violencias? ¿Nos defendemos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Quiénes son los perpetradores de esas violencias ? ¿Quiénes los responsables?  ¿Cómo reaccionamos frente a ellas? ¿Hemos desarrollado otras herramientas? ¿Son las mismas violencias las que sufren las empleadas domésticas de Nordelta, las mujeres indígenas, las compañeras de las cooperativas de cartoneros, las obreras en las fábricas, las mujeres en las organizaciones sindicales, las maestras, las amas de casa, las mujeres que viven en la calle, las institucionalizadas? ¿Qué pasa con esos cuerpos, biografías, subjetividades? ¿Qué pasa? ¿Qué rol juegan los medios en la reproducción de esas violencias? Silencio. Plano negro. Nada.

Otra vez son invisibles.

No vaya a ser cosa.


Esta simplificación, estetización y reducción de un sistema que tiene múltiples metodologías y herramientas, a un relato homogéneo desde lo visual y lo discursivo, elimina las texturas, las tonalidades, las complejidades y nos invisibiliza una vez más. Pero sobre todo licúa responsabilidades de los medios y sus operadores  en la normalización de estas violencias, y en la construcciones de los modelos que las incorporan como gestos que definen a los géneros. ¿O acaso los estereotipos, la cosificación de las mujeres y niñas, la sexualización de sus cuerpos no tienen nada que ver con la normalización de violaciones, abusos y acosos?

¿Acaso no tiene nada que ver con las violencias sobre nuestros cuerpos y los cuerpos de les niñes un modelo de masculinidad que tiene como característica la dominación, la hipersexualidad y la violencia como mecanismos de confirmación de la masculinidad?

¿Acaso la industria de la moda y la industria del entretenimiento/medios a nivel masivo, no tienen responsabilidad en la insegurización de mujeres y niñas, en el  bombardeo constante de imágenes de mujeres que encarnan el standard de belleza, un modelo de cuerpo que se basa en la escasez, que representa además a una clase social y que encierra en sí mismo, vale la pena decirlo, el racismo del que no nos hacemos cargo. Una representación que invisibiliza, porque en nada se asemeja a la inmensa mayoría de personas que estamos del otro lado. Ni en las dimensiones y formas de los cuerpos, colores, tonos y texturas de  nuestras pieles, cabellos, gestos.

¿No hay responsabilidad en la violencia cuando se construye y reproduce un modelo que valora como único atributo en las mujeres su apariencia y que es además  un modelo de felicidad. Se nos enseña que si encajamos en esos standares, y encajar implica hacer todo lo que sea necesario para eso, editarnos, mutilarnos si hace falta, gastar dinero, tiempo, energía para encajar, entonces todo lo que de acuerdo a este modelo mercantilista y deshumanizado hace falta para ser feliz nos vendrá por añadidura, ser aceptadas, queridas, valoradas, amadas, deseadas, porque lo único que se valora en las mujeres es su apariencia. Ese es el mensaje que se nos inocula como el veneno, en dosis pequeñas, sutiles.

Por supuesto, muchas mujeres mueren en el intento de encajar, algunas en los quirófanos, otras a causa de haber privado a sus cuerpos de alimentos durante años, otras se suicidan, otras ven menguada su autoestima y su potencia y se someten a todo tipo de degradaciones. (o casarse con el primero que aparece) Porque lo que estas industrias nos dicen todos los días al mostrarnos estos modelos y vendernos lo que nos venden es que como somos no alcanza, no somos suficiente, nos falta y nos sobra lo que se necesita para ser suficientes. Suficientes para una sociedad que mide todo en términos de consumo, para la que somos cosas y necesita insegurizarnos para someternos, ejerce sobre nosotras una pedagogía de la crueldad como enseña Rita Segato. Es que desde que nacemos recibimos estos mensajes, encriptados en el bombardeo de imágenes que construyen los modelos que se nos meten adentro y así somos disciplinadas por la mirada y la palabra de una sociedad entera que siempre estará dispuesta a recordarnos que nos falta o sobra, que no encajamos, nuestra piel no es lo suficientemente blanca, nuestro cabello no es lo suficientemente lacio ni claro, nos sobra o nos falta carne, somos demasiado bajas o demasiado altas, tenemos poca o mucha teta, nuestras pestañas necesitan ser más largas, nuestras cejas más arqueadas, no somos sexies.

Ni hablar cuando de lo que se trata es de nuestro deseo, si no deseamos enamorarnos, consumir productos ¨de belleza¨ que no nos interesan, si no nos gustan los hombres, o si no nos interesa el amor romántico, ni la moda, ni las tendencias y ondas, ni todo lo que se supone que nos convierte en mujeres, ahí afuera está el mundo para ubicarnos en nuestro lugar de anormales, rotas, gordas, dañadas, feas, malas, viejas, indeseables a las que “nadie va a querer” por no encajar.

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¿Cómo se ocupan los espacios con esa carga? ¿Cómo se lleva esa cicatriz?  ¿Cómo crecemos? ¿Cómo habitamos el mundo? ¿Cómo nos habitamos? ¿Cómo nos relacionamos con los otros? ¿Cómo decidimos? ¿Cómo elegimos con quienes estar si crecemos escuchando que por gordas, feas, negras, serias, nadie nos va a querer?

Hace unos meses invitamos  a las mujeres que nos siguen en las redes a contestar una pregunta ¿Cuándo fue la primera vez que alguien te dijo que tenías que hacer dieta y quién fue? Más de quinientos testimonios de mujeres. El setenta por ciento cuenta que entre los 5 y los 12 años alguien de su entorno cercano -madre, abuela, tia, padre, maestra, pediatra- le dijo que tenía que hacer dieta, que estaba gorda. Muchas de esas mujeres cuentan que sufrieron trastornos en la percepción de su propia imagen por muchos años. Algunas no han logrado superarlos. Lo cuentan con dolor, con vergüenza, vergüenza de sus cuerpos. A la mayoría alguien se encargó de decirle, que si era gorda nadie la iba a querer.  Otro día preguntamos ¿Alguna vez te sentiste fea, gorda, vieja, negra, rota, o sentiste que no encajabas al ver una imagen de un cuerpo hegemónico de los medios? Recibimos miles de testimonios. Todos decían Sí. Algunos decían, odio mi cuerpo, me odio.

Esa es la la desigualdad de base también, arrancamos con lastre, nos enfermamos, nos alienamos, y eso no es inocente, se nos educa para naturalizar la violencia y la incomodidad de maneras sutiles, nos acostumbramos a la idea de que  “estamos mal” y cuando nos lo dicen, lo creemos, ¿porque no lo vamos a creer si existe un sistema completo de representaciones visuales y audiovisuales que nos lo dice y es reproducido por todo el entorno social?.

Ese modelo se alimenta todos los días.

La violencia es una herramienta más de disciplinamiento, las formas de ejercerla se van sofisticando, no es probable que nos quemen en una hoguera en la Plaza de Mayo para disciplinarnos, castigarnos, y ubicarnos en el lugar que se nos asigna en la sociedad, ya no hace falta, existen miles de mecanismos más sutiles y eficientes en esta sociedad de masas y consumo. Existen los medios, existe la industria del entretenimiento, existe la industria de la moda, tres mundos un mundo con múltiples derivaciones, la industria cosmética, la industria de las intervenciones médicas sobre nuestros cuerpos para editarlos de acuerdo al modelo y la lista sigue, una lista de negocios millonarios gracias a la expropiación de toda nuestra vital humanidad.

Por eso los medios nos devolvieron esta versión estetizada, clasista, racista y patriarcal de nuestro reclamo, la banalizaron y farandulizaron, reduciendo a su mínima expresión el problema, en un uno contra uno despolitizado que no involucra otros responsables ni nos permite articular, por lo menos por ahora, conversaciones que trasciendan la superficie.

 

4 pensamientos en “Medios de Manipulación

  1. Toda mi vida luche contra esto, obvio que yo también soy víctima de lo que los medios y la sociedad impone culpa de las redes y la poca TV que miré , pero siempre luchando, siempre tratando de que la gente se interese en mí por mi manera de pensar, demostrándole al mundo que no soy nada de todo eso, no siguiendo modas y vistiendome como quiero, no siendo %100 “femenina”, escuchando la música que me gusta y estudiando una carrera “para hombres”

  2. Excelente nota. Me apasiona leerlas y leerlas más. Siento que puedo compartir todo, me siento a gusto, éste es el lugar en donde quiero estar. Aquí compartiendo este “modo de vivir y sentir” que describen. Me siento muy a gusto.
    Uds logran poner en perfectas y seleccionadas palabras, lo que muchas pensamos y vivimos. A los que muchas nos incomoda sin saberlo.
    Yo crecí con incomodidades. De peque me molestaron estas “injusticias” y no pude identificarlas, sino hasta que fui adulta.
    Hoy soy docente de Ed. Inicial; es mi granito de arena para que esto empiece a cambiar de raíz. Fuerza! Y gracias! No dejen de escribir tan maravillosamente.

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