¿Cuántas veces sentiste que tenías que “taparte la panza?

¿A cuántos lugares te privaste de ir por “tener panza”?
¿Cuántos momentos no disfrutaste porque no dejabas de pensar en que “se te notaba la panza”?
¿Cuántas veces te sentiste incómoda por “tener panza”?
¿Cuánto tiempo y plata gastaste en “no tener panza”?
¿Cuánta de tu energía vital se fue en dietas?
¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién?
¿No es la panza una parte de nuestro cuerpo?
¿Por qué no habríamos de tener? ¿Qué es lo que está mal?

Porque… panza tenemos todas, es nuestro abdomen, esa zona mullida, sensible y hermosa que nos obligan a convertir en una tabla, gracias a un modelo de hambre, escases y represión de toda posibilidad de disfrute, de nutrición y de vida.

Somos bombardeadas todo el tiempo con imágenes que nos muestran cuerpos en los que las costillas sobresalen y el abdomen está hacia adentro, cuerpos hiperdelgados a fuerza de dietas, hambre, rutinas alienantes, cirugías. Un modelo único, una sola posibilidad de hacernos visibles. ¿Qué se esconde atrás de ese modelo de cuerpo? un modelo de subjetividad, de desempoderamiento y vergüenza. Un modelo que nos quiere desvitalizadas, descarnadas, debilitadas, con cuerpos pequeños, despotenciadas, sedadas a base de dietas y “tratamientos de belleza”. Reteniendo, tensando, comprimiendo.

¿Quién gana con este modelo? ¿Quiénes perdemos?
¿Qué pasaría si soltáramos nuestras panzas? Si nos sintiéramos cómodas con nuestros abdómenes como son. ¿cómo sería nuestra experiencia con nuestros cuerpos? ¿Qué pasaría si sintiéramos el placer de nuestra abundancia? Si eso nos hiciera sentirnos fuertes, encarnadas, potentes en lugar de deformes, rotas o falladas ¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría si entendiéramos que somos nuestros cuerpos, si lográramos ejercitarnos en mirarnos a nosotras y a las otras con ternura, aprobación y agrado?

¿Qué pasaría si nos pusiéramos de acuerdo para no enjuiciar nuestros cuerpos y apoyarnos a soltar nuestras panzas en playas, piletas, ríos y lagos?

Hablemos de esto con nuestras amigas, hermanas, madres, tías, hijas, esa es también la Rebelión de las F.E.A.S.

#HermanaSoltaLaPanza

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