Carolina Contreras, una mujer que nos inspira.

Hace unas semanas estuve en Santo Domingo, para participar del V. Encuentro Internacional de Mujeres por la Cultura, una experiencia inolvidable.

Cómo iba a hablar y contar de  de Mujeres Que no Fueron Tapa, antes de ir miré el mundo de las revistas y medios de  Republica Dominicana. No me encontré con nada novedoso ni distinto  a lo que vemos en Argentina, cuerpos editados, homogéneos, y sexualidazados, mujeres jóvenes, etc.

Tengo el ojo entrenado en mirar lo homogéneo. ¿Qué se repite en las mimágenes? ¿Qué se repite en la vida real en la apariencia de las mujeres?

Lo primero que me llamó la atención en el aeropuerto de Santo Domingo mientras esperaba a Tania, mi querida compañera de Chile, fue el lacio de los cabellos. El aeropuerto estaba lleno, de mujeres afrodescendientes, exuberantes y hermosas pero con sus cabellos lacios, pegados al cuero cabelludo.  En ese rato no encontré ni una sola mujer con su cabello al natural, con sus risos. Todos los cabellos estaban alaciados. Más tarde me enteraría lo que implica para la salud y la economía de esas mujeres alaciarse el cabello, y lo que implica para muchas no llévalo lacio. Lo que no podía dejar de pensar era ¿Cómo sería la apariencia de estas mujeres hermosas, voluminosas, con sus cabellos al natural?

No tuve que esperar mucho para responderme esa pregunta.

A la noche del día siguiente, en la apertura del Encuentro, un grupo de niñas y adolescentes Dominicanas nos recibieron con su danza, casi todas con sus cabellos al natural, con sus risas desplegados, porque forman parte de un colectivo involucrado en la valorización de la identidad Afro.

No encuentro las palabras para definir la fuerza, la potencia, la fiereza de esas mujeres con sus matas hermosas de cabello coronando sus cuerpos. Eran un todo armónico, salvaje, poderoso y potente.

Cuando las fuimos a saludar, nos costó reconocerlas, ya se habían atado el cabello, lo tenían pegado al cuero cabelludo. Les mostrábamos el video y les preguntábamos ¿Vos cuál sos? Y ellas se identificaban. Eran otras, quedaba menos de las mujeres poderosas del escenario.

Y algo se empezaba a armar en mi cabeza, un entender lo que implicaba ese pelo liso;  más allá de lo que alguna vez había leído sobre lo que implica para las mujeres Afro renegar del pelo rizado.

Empecé a entender porque se les impone a estas mujeres un estándar de belleza que las aleja tanto de su identidad. Que las empequeñece. De camino al hotel me encontré con muchísimas imágenes de publicidades en la calle, todas las mujeres con el pelo liso y largo, muchas de ellas eran blancas.

A la mañana del otro día, una de nuestras compañeras de Panamá, Kehiry Segura, nos pidió que la acompañáramos al salón de belleza de Mis Rissos.

¿Un salón de belleza? ¿Por qué vamos a ir un salón de belleza? Entonces Kehiry nos explicó que este no era un salón de belleza cualquiera. Era el salón de Carolina Contreras, una activista de muchas causas que hace tres años abrió este salón donde ayuda a las mujeres dominicanas a empoderarse a través del cabello, a conectar con sus raíces.

Nos enteramos la discriminación que existe respecto del “pajón” como se le llama al cabello rizado natural. Las niñas que lo usan son discriminadas en las escuelas y nos contaban que a veces cuando van a hacerse las fotografías para el documento las mandan a arreglarse el cabello “porque no entran en la foto” y mil situaciones discriminatorias de todos los tipos.

Los índices de violencia machista en República Dominicana son extremadamente alarmantes. En los cinco días que estuvimos en el país murieron a causa de femicios dos mujeres jóvenes, una de ellas,  madre de dos niños pequeños. Las violaciones a mujeres y niñas son parte de lo cotidiano, al igual que el embarazo no solo adolescente sino infantil y situaciones aberrantes de violencia de todo tipo.

El acoso callejero es moneda corriente  y la violencia se respira en la calle donde los hombres no respetan ni siquiera un mínimo de distancia física en el espacio público y se sienten autorizados al acoso con total naturalidad.

En ese contexto de opresión y violencia, Carolina trabaja para empoderar mujeres y niñas desde su espacio, las mujeres en el salón, o como diríamos nosotras, la peluquería, charlan, cuentan de su realidad, se abren y es un espacio donde detectar la violencia y ayudarlas a pedir ayuda.

Una de las cosas que nos contó el día que la conocimos fue cómo arrancó su campaña contra el acoso callejero, también lo cuenta en su blog así:

Estoy JARTA, cansada y simplemente enfogona’ (por no decir otras palabras) de tener que aguantarle los acosos a los hombres en las calles de Santo Domingo.

Yo tengo que pasar por una obra de construcción cada día para llegar al salón y de verdad que me doy cuenta que ya no quiero seguir aguantando las estupideces que me dicen esos hombres. La gente dice “ignóralos” y “no le hagas caso, que eso es normal” pero es que NO. Ellos no tienen porque gritarme tanta vainas cada vez que camino en frente de ellos; ni a mí, ni a mis chicas. Yo no tengo que acostumbrarme a su acoso.

Hace unos días, uno de ellos me gritó “mamasota” y no aguanté más. Me devolví y le dije que no me gustaba que me dijeran cosas cuando pasaba, que ni yo, ni a mis estilistas, ni mis clientes queríamos que no sigan gritando cosas. Le dije que se imaginen que yo fuera su hija, su madre o su esposa y que otras personas le estén gritando cosas a ellas. Le dije que eso se llama acoso callejero y que es irrespetuoso.

Su respuesta fue: “En República Dominicana eso no es acoso y yo tengo el derecho a enamorarte y tú lo coges o lo dejas.” Me gritó un montón de otras cosas y les juro que me iba a dar una cosa. Me alzaba la voz de manera violenta.

Entiendo el porqué las mujeres no nos enfrentamos ante estas cosas por que realmente da miedo. Esos hombres parecían como que me querían volar encima y quien sabe todo lo que esté pasando por su mente ahora. Esta situación también evidenció cosas que ya sabíamos. Los hombres piensan que este comportamiento es permisible, que NO ES ACOSO, que nosotras tenemos que aguantar que nos griten cosas. Llegué al salón en lágrimas del pique y de la impotencia.

Después hablé con las personas encargadas, dos mujeres colombianas, por cierto; quienes reunieron a todos los hombres de construcción para decirles que no pueden seguir voceando cosas. No sé si esto funcionará y dejarán de hacerlo, pero por lo menos hice el primer intento.

Estoy convencida de que la situación en nuestro país acerca de los feminicidios en parte sigue porque no le ponemos alto a algo tan “sencillo” como estos acosos en las calles. El hombre en sociedades como la nuestra siente que tiene un derecho y poder sobre la mujer y por ende le dice y hace lo que le da la gana. El peligro está en dejar pasar por alto esas microagreciones.”

Hizo este posteo en sus redes y muchísimas mujeres empezaron a contar sus experiencias y se sumaron al reclamo, ya nadie de la obra le dice nada, y organizó talleres de defensa personal en el Salón.

Esta es otra de  sus campañas https://www.missrizos.com/2017/11/25/eso-no-es-amor/

Miss Rizos es una empresa B, es decir es una empresa que tiene impacto social ya que hacen talleres para niñas y mujeres en todo el país, y participan activiamente en campañas en contra de la violencia de género y el embarazo adolescente.

Siganlá en sus sus redes, lean sus post. Vale la pena contagiarse de ella.

Carolina es una de esas mujeres que queremos hacer visibles, mujeres que están cambiando el mundo. Todos invitados a compartir, necesitamos llenar las redes de las imágenes de estas mujeres y que los niños  crezcan viéndolas y escuchando sus historias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.